Desde 2009
24ª promoción (10/11/2017 - 07/07/2018) 1 plaza 25ª promoción (19/01/2018 - 27/10/2018) 19 plazas
Edición del máster en Barcelona

Carta del director

Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo

En primer lugar, quiero agradecerte que dediques unos minutos a leer las líneas que siguen. El hecho de que te estés planteando la posibilidad de apuntarte a este máster ya dice mucho de ti. Pone de manifiesto que eres una persona valiente, humilde y honesta consigo misma, abierta al cambio y dispuesta a salir de tu zona de comodidad. En segundo lugar, quiero confesarte que no creo en las casualidades. Hace muchos años descubrí que lo que sí existen son las causalidades. De hecho, he comprobado que todo lo que nos sucede es justamente lo que necesitamos para descubrir quiénes verdaderamente somos y cuál es nuestro auténtico propósito de vida. Por favor, no te lo creas; verifícalo a través de tu experiencia.

La creación de este máster lo tiene todo que ver con mi propia historia personal, así como con el momentazo histórico de cambio y transformación en el que estamos inmersos. Déjame que te explique brevemente la red de causas y efectos que me han llevado a escribir este texto. Quién sabe, igual te sirve para saber por qué motivo lo estás leyendo…

Voy a ser sincero contigo desde el principio. Nunca fui un alumno aplicado. Para que te hagas una idea, cuando sacaba un cinco y medio mis padres me invitaban a cenar fuera para celebrarlo. Para mí, la escuela era sinónimo de aburrimiento. Enseguida me convertí en el payaso, el gamberro y el rebelde de la clase.

Pero tuve suerte. Fui un chico precoz. Toqué fondo a los diecinueve años. Me sentía completamente perdido. Estaba lleno de complejos, carencias, inseguridades y frustraciones, y no tenía ni idea de por qué. Además, la simple idea de adaptarme al sistema me sumergió en una profunda crisis existencial. Movido por el vacío y el sufrimiento, emprendí una búsqueda filosófica para encontrar el sentido de mi vida y resolver, por mí mismo, mis propios conflictos internos. Fue entonces cuando decidí salirme del camino trillado, empezando a buscar una manera alternativa de pensar y de vivir. Es cierto que estaba aterrado. Sin embargo, sentía que no tenía nada que perder.

La búsqueda de la verdad
Tras romper con mi burbuja social, la soledad, la filosofía y la literatura se convirtieron en mis nuevos amigas. Me pasé cuatro años encerrado en mi cuarto, leyendo a filósofos como Nietzsche, Sartre o Camus. Y más adelante, a psicólogos como Fromm, Frankl o Jung. Y también devorando a clásicos como Orwell, Huxley o Hesse. Escribiendo lo que me pasaba por dentro descubrí que había nacido para ser comunicador. Mientras, estudiaba la licenciatura de Periodismo y trabajaba de lo que fuera para poder viajar de mochilero solo por el mundo, una de las mejores formas que existen de conocerse a uno mismo.

En mi búsqueda de la verdad, decidí encontrarla enrolándome en diferentes ONG, viajando a lugares marcados por la guerra, la pobreza y la enfermedad. Aquellas experiencias me sirvieron para entender que la finalidad de la vida no consiste en cambiar el mundo, sino en transformarse a uno mismo, siendo el cambio que uno quiere ver en la sociedad.

Dicen que el maestro aparece cuando el discípulo está preparado. En mi caso surgió cuando acababa de cumplir los 24 años. Fue entonces cuando me hablaron del eneagrama. En aquel momento era ateo y todo lo que tuviera que ver con el crecimiento personal y la espiritualidad me parecía una chorrada. Reconozco que me dio mucha vergüenza ir a la sección de autoayuda para comprar mi primer ensayo de eneagrama. Sin embargo, el sufrimiento me hizo lo suficientemente humilde como para abrirme a lo nuevo sin prejuicios. Eso sí, pedí a la cajera que lo envolviera, con la excusa de que era para regalar a un amigo mío muy ‘hierbas’… Lo devoré en un solo día. No recuerdo haber subrayado un libro con tanta pasión e interés. Por primera vez intuí que la causa última de mi malestar estaba dentro de mí y no afuera.

Poco después me apunté a un curso de autoconocimiento de fin de semana que supuso un punto de inflexión en mi vida. Me di cuenta de lo profundamente ignorante que era. Tomé consciencia de que yo mismo era la causa de mi sufrimiento y también de mi felicidad. Inspirado por el Eneagrama, poco a poco dejé de verme como una víctima y empecé a tomar las riendas de mi vida. Dejé de leer a Nietzsche y comencé a leer al Dalai Lama. Me comprometí con poner la teoría en práctica. Mi única prioridad era aprender a ser verdaderamente feliz.

Descubrir tu propósito de vida
A partir de entonces comenzó mi verdadero camino espiritual, sumergiéndome en la esencia que comparten todos los sabios de la historia, cuyas enseñanzas fueron posteriormente distorsionadas por las instituciones religiosas. De la mano de Lao Tsé, Buda, Sócrates, Jesús de Nazaret y Séneca llegué hasta Jiddu Krishnamurti, Anthony de Mello y finalmente, a Gerardo Schmedling, cuya forma de entender el mundo me hizo despertar. Tenía 25 años. Fue entonces cuando dejé de existir y empecé a vivir. Por fin sabía cuál era mi lugar en este mundo: facilitar el acceso al conocimiento para que otros buscadores aprendieran a ser felices y supieran para qué están aquí, emprendiendo una función profesional útil, creativa y con sentido, al servicio de los demás.

Al ver el impacto tan profundo y positivo que el autoconocimiento estaba teniendo en mi vida, comencé a compartir lo que estaba aprendiendo con todo aquél que se cruzaba por mi camino. Sin saber muy bien por qué, empezaron a llamarme “Borja Vilasecta”. Razones no les faltaban… Finalmente, un amigo mío me soltó:     
     –En nombre de todos los que te queremos, ¡monta un curso de eneagrama y déjanos en paz!

Y eso hice. Me lo tomé tan en serio que a día de hoy ya llevo más de 250 cursos, habiendo compartido esta herramienta con más de 6.000 personas en diferentes países. En paralelo, gracias a mi trabajo como colaborador de El País, pude conocer y entrevistar a los grandes expertos y referentes del desarrollo personal en España. Al final, ¡eureka! Apareció la idea: crear un sistema pedagógico que aunara las mejores herramientas y los mejores especialistas, de manera que pudiéramos facilitar, acelerar y profesionalizar el proceso de autoconocimiento, adaptándolo a las necesidades y motivaciones del momento histórico actual. Además, el valor añadido sería el que los participantes no harían este viaje en solitario, sino que podrían compartirlo con otros buscadores que estuvieran atravesando un mismo momento vital.

Reconecta con el niño que has sido
Lo recuerdo como si fuera ayer. El 21 de diciembre de 2008 llamé a Gonzalo Bernardos, profesor titular de la Universidad de Barcelona, para presentarle este proyecto de máster. Si bien me dijo que no creía que hubiera la demanda suficiente, me dio la oportunidad de hacerlo realidad. Y por ello, siempre le estaré agradecido. Su confianza y valentía marcaron un antes y un después en mi vida… Lo cierto es que ese año, en la antesala de la crisis económica, muy pocas personas lo vieron. Por aquél entonces el crecimiento personal no estaba tan ‘normalizado’. No había ninguna formación integral de autoconocimiento para ciudadanos de a pie. La nuestra fue pionera.

Al explicar el proyecto, la mayoría me dijeron que estaba loco, que no saldría adelante, que fracasaría estrepitosamente… Tanto es así, que estuve a punto de hacerles caso y no tirarlo para adelante. Pero un día, mientras paseaba con un amigo y su hija de cinco años, de pronto a él lo llamaron al móvil y me quedé a solas con la niña, quien empezó a hablarme de sus cosas. Tras pasar un rato escuchando historias de princesas y unicornios, de pronto me dijo:

     –Mi papá es abogado. ¿Tú también?
Y no dudé en responderle:
     –Podría haberlo sido, pero la verdad es que no. Estoy montando un máster para que las personas se conozcan a sí mismas.
     –¿Un qué? –me dijo, perpleja.
     –Un cole para niños mayores.
     –¡Ah! ¿Y para qué? 
     –Pues para que vuelvan a ver la vida como cuando eran niños.
     –¡Qué guay!
     –¿Te gusta?
     –¡Mucho! ¿Mi papá va a ir?

Me sentí escuchado, apoyado y valorado por una niña de cinco años. Una de las pocas que lo vio. Pero bueno, dado que soy una persona muy escéptica, ese mismo día decidí ir a casa de mis vecinos, que tenían dos hijos de siete y nueve años. Llamé a su puerta y los dos vinieron a recibirme.
     –Hola, ¿os puedo hacer una pregunta?
     –¡Claro!
     –Estupendo. Mirad, estoy montando un cole para mayores…
Fui al grano. No había tiempo que perder. Les dije exactamente lo mismo que le había contado a la hija de mi amigo. Y para mi sorpresa, los dos me contestaron a la vez:
     –¡Qué guay!

Desde ese día lo tengo muy claro. Mi comité de sabios son los niños. A diferencia de los adultos, ven lo esencial porque siguen mirando desde el corazón. Lo cierto es que hace años que no me siento demasiado identificado con el colectivo de  adultos. Me sabe mal si eres uno de ellos. No quiero olvidarme jamás del chaval que he sido y que sigo siendo. Del gamberro. Del payaso. Del rebelde…

No lo dudes, sigue tu corazón
Junto con Gonzalo Bernardos, en 2009 impulsamos la primera edición del Máster en Desarrollo Personal y Liderazgo® en la Universidad de Barcelona. En el programa ya figuraban herramientas como el eneagrama, la psicología transpersonal, la meditación y el yoga, las constelaciones familiares, el tantra… Ese primer año se apuntaron 54 personas, doblando la media de alumnos de otros muchos másteres con más recorrido.

Después de siete años y dieciocho promociones, el máster se consolidó dando servicio a cerca de 500 participantes. Con la ayuda de los valientes que cursaron este apasionante viaje de autoconocimiento, fuimos mejorando este proceso pedagógico innovador. Tras mucho aprendizaje, a principios de 2016 decidí emprender una nueva aventura profesional: fundar mi propio instituto, con el objetivo de dar servicio a personas con necesidad de cambio. Simplemente era el momento de explorar nuevos caminos y extender las alas de la libertad creativa. Desde entonces, cada año 140 valientes siguen confiando en nosotros para emprender este apasionante viaje de autoconocimiento.

Soy consciente de que el credencialismo sigue teniendo un gran peso en el inconsciente colectivo de la sociedad, especialmente a la hora de estudiar un máster. Lo único que pretendí con aquel cambio fue mantenerme fiel a mis valores. Tan sólo seguí mi corazón. Era el momento de salir de mi zona de comodidad. Aprovecho para dar las gracias al equipo de facilitadores que componen el profesorado de este máster. Todos, absolutamente todos, decidieron acompañarme en esta nueva etapa. Ellos son la esencia de este proyecto pedagógico.

Curiosamente, los mismos que profetizaron en 2008 que el máster no funcionaría, me volvieron a tachar de loco por renunciar al sello de la universidad más prestigiosa de España. Sin embargo, algo está cambiando en nuestra sociedad: desde que impulsé dicho cambio, hemos llenado todas las promociones posteriores, alcanzando en 2017 un nuevo récord histórico de alumnos... Ahora mismo, me siento muy agradecido a Gonzalo Bernardos en particular y la UB en general. Y estoy 100% comprometido con seguir perfeccionando el máster, incorporando las herramientas y los profesionales más vanguardistas del momento en el ámbito del cambio y la transformación personal.

Si has seguido leyendo hasta aquí –gracias por la paciencia–, y decides que esto tiene que ver contigo, que sepas que más que hacer un máster, vas a emprender un viaje personal. No importa si tienes miedo. Forma parte del camino. Es un síntoma de que estás saliendo de tu zona de comodidad. Ya has hecho lo más difícil: reconocer que necesitas un cambio. Y no hay marcha atrás. Solo puedes ir hacia delante. Pero no estás solo. Lo que sientes en estos momentos lo están sintiendo millones de personas en todo el mundo. El sistema está inmerso en un gigantesco proceso de metamorfosis cultural. Y las circunstancias actuales son la crisálida que necesitamos para que personas como tú y como yo sigamos creciendo y evolucionando. En última instancia, el cambio individual es lo que transforma la sociedad. 

Te apuntes o no a este máster, sigue escuchando a la intuición que te ha llevado hasta aquí. Y no lo dudes: conócete a ti mismo. Esa es sin duda la mejor inversión que puedes hacer en estos momentos de la historia. Atrévete a escuchar tu corazón y tarde o temprano llegarás a tu verdadero destino. 

 

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